
Durante siglos la cosa fue así: si usted quería escuchar música tenía, necesariamente que contar con un grupo de intérpretes capaces de reproducir en sus instrumentos los sonidos en cuestión. No había otra. Fuera en una sala de conciertos, la plaza de un pueblo o el salón de baile, la música era siempre una práctica colectiva en la que artista y auditor debían coincidir en tiempo y espacio Sigue leyendo!
























