Dividido en tres, el siguiente relato cruza parte de la historia musical chilena mientras sigue la huella de un músico inventado, inexistente, que es uno y a la vez muchos de los artistas que alguna vez nos ha tocado escuchar.

La historia de XP se inicia en el momento mismo en que el Big Band le da el puntapié inicial a la vida en nuestro universo, varios años atrás por cierto. Comprenderán por tanto que resulta imposible consignar aquí su biografía completa, sería un poco largo, tedioso incluso. Conformémonos entonces con saber que el caballero fue desde siempre un músico de oficio (compositor, cantante, instrumentista múltiple) que atravesó nuestra historia intentando ganarse la vida como tal y que por razones azarosas, que no vale la pena detenerse a explicar, arribó a nuestro país a comienzos del año 1964.

LA IMPORTANCIA DE NO LLAMARSE “XP” (1964 a 1967)

Sólo algunas semanas después de haber llegado, y con las maletas aún sin desarmar, XP fue contactado por un conocido disyokey de Radio Minería, quien además  las oficiaba de productor musical en un importante sello discográfico.  Fue probablemente la apariencia de XP, que encajaba perfectamente en los cánones aspiracionales del ídolo tipo de esos años, lo que impulsó al productor en cuestión a ofrecerle de inmediato un contrato disquero y una ascendente carrera en el mercado musical chileno.

- Me firma ahí sobre la línea punteada y nos  ponemos a trabajar.  

- ¿Dónde? ¿Ahí? 

- Sí, ahí mismo…

 Y en menos de lo que canta un gallo comenzó el meteórico asenso a la fama de XP.

Lo primero fue buscarle un nombre que estuviera a la altura de las necesidades del mercado. XP propuso Excelsior Philleas, pero el distinguido señor productor le hizo ver que aunque el apelativo sonaba sin duda alguna bastante anglosajón, era un tanto complicado de pronunciar y por tanto podía ser difícil de recordar para la fanaticada. Finalmente y después de otras varias ideas fallidas, XP fue rebautizado como “Peter de Twist”. Tal cual, con “de” y no  “the”.

Lo siguiente fue encontrar, en  el repertorio popular estadounidense, alguna canción ya dada de baja por la industria y cuya melodía permitiera una adaptación de la letra al español.  Se escogió  una antigua canción tradicional del sur norteamericano, se le aceleró un poco el pulso, se acortó su duración para que encajara en el formato radial y se le reescribió la siguiente letra: “Verano fue un verano, en que te conocí/ amor de chocolate tuviste para mí/ que rico y delicioso,  por ti me derretí/ verano fue un verano, en que te conocí…”

“Amor de Chocolate” se encumbró rápidamente a los primeros lugares de popularidad. Se editó un disco 45 que traía por un lado la versión que sonaba en las radios y por el otro la misma canción pero sólo acompañada de guitarra (sin duda el antecedente más directo de lo que hoy conocemos como unplugged).  Peter de Twist se presentó en cuanto liceo, gimnasio, teatro y espectáculo radial estuviera disponible, siempre generando histeria y descontrol entre las calcetineras que no dejaban de jurarle amor eterno mientras le lanzaban todo tipo de prendas íntimas. El pasó siguiente fue aparecer en varias revistas del corazón teniendo fugaces noviazgos con otras estrellas, los cuales posteriormente Peter debía negar con una amplia sonrisa y utilizando siempre la misma frase: “mi corazón sólo le pertenece a mis fans, gracias, muchas gracias”. Al cabo de un par de años comenzaron las fotonovelas, giras por provincia junto a otros artistas de características similares y así… A poco andar Peter de Twist era toda una celebridad en el medio nacional.

Pero en el camino, poco a poco, una enorme insatisfacción comenzó a apoderarse de XP (no de Peter por cierto). Sensación que no hizo otra cosa que acrecentarse con el paso de los años, los disco de platino y las portadas de revistas del corazón.  Odiaba su nombre artístico, detestaba a su productor –que dicho sea de paso se llevaba parte importante de las ganancias- y por sobretodo no se sentía capaz de entonar ni una sola vez más la maldita canción que lo había llevado hasta la cima…  En este complejo trance vital se encontraba cuando una tarde, mientras visitaba una colorida feria artesanal se encontró de frente con Paloma Núñez, emancipada estudiante de sociología de la cual se enamoró perdidamente a primera vista y que en menos de dos semanas se convirtió en su polola. O compañera, que era según Paloma la forma correcta y justa de nombrar al ser amado, al alma gemela, a la mujer o al hombre trabajador que recorre junto a nosotros las avenidas de tantas y tantas ciudades en que la miseria de todo un pueblo etc, etc, etc…

PALOMA ¿PALOMITAY? (1968 a 1973).

A los pocos meses de relación, XP y Paloma se fueron a vivir juntos a una pequeña parcela en las afueras de Santiago. XP aprovechó el cambio de domicilio para abandonar definitivamente su carrera de ídolo quinceañero, terminó el contrato con su productor, guardó en una maleta las chaquetas de colores chillones que usaba para sus shows y sepultó definitivamente a Peter de Twist.

Junto a Paloma, comenzaron a frecuentar con bastante regularidad un local llamado La Peña de los Parra. Vieja casona  ubicada en le céntrica calle Merced y en la que XP tuvo la oportunidad de escuchar por primera vez a un tal Patricio Manns, quien a decir de muchos había logrado lo imposible, tres años antes, cuando su canción “Arriba en la Cordillera” se empinara a los primeros lugares del ranking radial desplazando incluso a los plastificados y empalagosos ídolos de la Nueva Ola.

En la Peña de los Parra actuaba también un hombre de mediana edad llamado Víctor Jara. Fue éste cantautor y sus canciones, la pasión que transmitía, lo que hizo germinar en XP la semilla de la sensibilidad social y el arte comprometido.  Cambió su vieja guitarra Stratocaster por un guitarrón de palo, afinó su pluma y se puso de cabeza a componer; siempre en las tardes, después de las cinco, mientras Paloma estudiaba y preparaba sus exámenes.

La celebración del primer año de relación con Paloma marcó un doble hito en la vida de XP. Festejaron esa noche junto a los amigos (léase compañeros) en la casona de Merced y luego de varios jarros vasos de vino navegado, y sin saber muy bien cómo, XP se encontró cantando sobre el escenario algunas de sus primeras canciones… Fue un exitazo (habría dicho su antiguo productor), la gente quedó encantada, lo aplaudieron a rabiar y de inmediato fue invitado a participar como artista estable del local.

A los pocos meses XP grababa su primer disco al alero de la DICAP, sello discográfico creado por las juventudes comunistas y que tenía como objetivo difundir la música que por su contenido político o ideológico no era tomada en cuenta por los sellos multinacionales.

Fueron años intensos para XP. Encuentros de cantautores, colaboraciones con otros artistas, meetings políticos, festivales universitarios (memorables como aquel organizado por la Universidad de Chile en 1969, donde Víctor Jara resultó ganador indiscutido con la canción Plegaria para un Labrador), incluso una gira por varios países latinoamericanos junto a otros destacados músicos. Paloma por su parte congeló su carrera de sociología para dedicarse en cuerpo y alma a apoyar la candidatura presidencial de Salvador Allende y fue quizás esta decisión la que generó en XP una admiración tan profunda por su compañera, que quiso dedicarle no sólo una canción, sino un disco completo. Pensó en titularlo Paloma, pero le pareció un poco evidente y muy común. Paloma mía fue otra posibilidad que también se esfumó pues le resultaba algo incoherente hablar de bienes y propiedades privadas en aquellos convulsionados tiempos. Una mañana de Julio creyó encontrar el nombre perfecto, incluso fue feliz por algunos minutos, pero recordó que el compañero Víctor ya tenía una canción en la que repetía varias veces la palabra Palomitay. Cresta, se dijo a si mismo. Y continúo buscando, incansable.  Ay Paloma sonaba bien, pero tenía un dejo de  queja y malestar que claramente él no quería transmitir. ¿Y si jugaba y daba vueltas  la sílabas? ¿Almapo? ¿Polama? Era interesante lo que ocurría. ¿Malopa? ¿Lamapo?  Casi parecía otro idioma, una lengua inventada especialmente para ella, su musa, su compañera de mil batallas. ¿Paolma quizás?

Entretanto Salvador Allende fue elegido presidente, asumió el poder y comenzó a gobernar en un ambiente álgido de protestas y enfrentamientos. El espectro  político y social se fue radicalizando hasta límites insospechados  y aunque muchos amigos y conocidos de XP le comentaban que la cosa se veía complicada y había que estar atento, él seguía en lo suyo, totalmente obsesionado con encontrar el título adecuado: ¿Malopay? ¿Pamolay?

El 11 de septiembre de 1973 sorprendió a XP encerrado en su pequeño estudio  con miles y miles de hojas y apuntes repartidos por la habitación. Escuchó el histórico discurso de Allende sólo por partes y mientras el país completo se venía abajo, su cabeza continuó haciendo listas infinitas de títulos posibles, probables, todos potenciales pero ninguno a la altura de sus expectativas que a esas alturas volaban más allá de lo que él mismo jamás hubiera imaginado…

Lee aquí la segunda parte

¡Opina con nosotros!

comentario(s)