El verano en Santiago está que arde, y no de bacanalidad sino que de real calor radioactivo. Se hace larga la espera en Plaza Italia, miles de personas quieren llegar a casa, la jornada termina y las calles comienzan a colapsar.  El retraso de los muchachos se hace entendible, la pega siempre manda, más aún cuando ya no eres aquel rapero liceano que respiraba libertad, ahora el Rap es testigo de tus hijos, de tu casa, de tu esposa (a veces) y de tu abultado estomago.

Sigue leyendo!