No puedo vivir sin música. O está en mis audífonos, o mientras escribo esto, o mientras lavo la loza en mi trabajo, o cuando converso o bebo con mis amigos. Incluso en mis pensamientos: generalmente voy tarareando mentalmente canciones mientras camino por el centro y cuando soy más osado (lo que no ocurre muy a menudo) simplemente canto.Pero lo que más me gusta es ver música en vivo: el sudor, los golpes, los roces, la cerveza; otras veces el relajo, la calma. La música da para todo, esa es la gracia: te permite experimentar todos los estados de ánimo. Como dijo “Víbora” Larralde en Malditos, el documental sobre Fiskales Ad-Hok: “La música puede sanar enfermos, pero también puede despertar bestias”. Nada más cierto. Fiskales Ad-hok fue precisamente una de las primeras bandas que vi tocar en vivo, en la Escuela de Artes y Oficios de la Usach, el ‘97 o el ’98. 

Con el tiempo he tenido el privilegio y el placer de asistir más o menos regularmente a tocatas de diferentes bandas y solistas. Diferentes estilos. Atmósferas diferentes. Diferentes públicos, algunos más prendidos o entusiasmados que otros. Creo que esa diferencia se debe, en parte, al lugar físico. Hay locales que se especializan en recitales, que están adaptados específicamente para eso: La Batuta o el Club Mist, la Sala Máster de la Chile y la SCD. Todos espacios en los que el público se conecta, donde todos van a lo mismo: escuchar.

No así en otros sitios. Recuerdo que el año pasado giraba por Chile (Santiago y Valparaíso específicamente) una banda garaje-punk-surf brasileña (esas mezclas nominales de ahora) que también me gusta mucho: Autoramas. Tocaron en el Bar Constitución, en un sector del barrio Bellavista que no se caracteriza por ser el más económico. Por suerte la entrada era liberada, porque los tragos y la cerveza eran carísimos. El bar estaba llenísimo, de hecho no había ninguna mesa desocupada y eso que el espacio era bastante amplio. La banda apareció como a las dos de la mañana y yo estaba en primera fila. Un show poderosísimo, impecable. Pero a lo que voy: me pareció que no todos iban a ver a la banda o por lo menos no con el mismo entusiasmo mío. El recital fue una anécdota para la mayoría, una banda de paso que tocaba en un lugar cualquiera.

Sin embargo, también he estado en otras tocatas memorables: Matorral aún contaba en la batería con Iván Molina, quien lucía ese día una carreteada polera de Guiso. Ya no recuerdo el año. Fue en una casita (sí, porque era realmente una casita) por el 12 de Gran Avenida, en San Miguel. No éramos más de veinte personas, todos apretados, con el espacio justo para empinar las botellas de cerveza y alguna que otra caja de vino. Y fue increíble. Increíble.

¿Se entiende lo que quiero decir? Creo que sí. Finalmente cada uno va a lo que va. Los espectadores y las energías son siempre diversas, como diverso, y amplio, es nuestro medio musical. Lleno de excelentes propuestas, algunas con años dando vueltas por los escenarios y los estudios pero que pocos conocen pues lamentablemente la difusión en los medios masivos no los acompaña mucho.

Es que parece que hace rato que nos quedamos pegados en los “grandes”… Porque si en la televisión y los conglomerados radiales sólo promocionan a Los Jaivas, a Chancho en Piedra, a Sinergia o a Los Tres, que con suerte tocan una vez al año y hasta hace unos meses sólo en eventos “culturales” de gobierno, ¿qué posibilidad hay de que la música chilena crezca, no en términos de calidad, porque calidad existe, sino que en términos de difusión y colaboración de los medios hacia los músicos? Por lo pronto, muy pocas creo yo.

Afortunadamente son los mismos músicos los que se buscan esas posibilidades y se autogestionan: graban sus propios discos,  buscan lugares para tocar, organizan festivales y utilizan principalmente Internet como medio de difusión para liberar gratuitamente sus producciones como una manera de demostrar que hay amor y pasión de por medio, no “intereses”; mención aparte es el trabajo de diseño de las pocas copias físicas que se fabrican, un trabajo de arte muy cuidado con el que te dan ganas de comprar y coleccionar los discos, no sólo  de descargarlos.

Entonces ya es hora de que los que estamos del otro lado, los que también amamos la música pero en nuestros oídos y frente a un escenario, apoyemos a tantas bandas y solistas que ahora no voy a nombrar porque daría para largo, la lista es extensa y esta vez no exagero.