En Mayo de 1983, enormes naves extraterrestres se posaron sobre las principales ciudades de todo el mundo. Finalmente veíamos materializarse en el cielo años de especulaciones y leyendas alrededor de la existencia de vida en otros planetas y fue entonces que todos supimos que había llegado un punto de quiebre en la historia, donde el mundo cambiaría para siempre. 

Apenas llegados los Visitantes (así comenzamos a llamarles) escuchamos sus declaraciones de paz y sus intenciones de compartir su avanzada tecnología a cambio de nuestra hospitalidad y algunos pocos recursos de los cuales precisaban para la subsistencia de su lejano planeta.  Atónitos vimos descender una nave lanzadera desde la gran nave nodriza y una vez que ésta hubo aterrizado, el mundo dejó de respirar por unos instantes mientras se abría la compuerta y los Visitantes aparecían frente a nosotros…  Cuando comenzamos a respirar nuevamente, ya habíamos descubierto que su anatomía era igual a la nuestra, con excepción del sonido de sus voces metalizadas y reverberantes.  No pasaron muchos días para que el mundo se dividiera en dos: entre los amigos de los Visitantes y los que no terminaban de creerles. Y estos últimos tenían múltiples razones para no hacerlo, ya que fueron capaces de estar atentos y percibir como nada era lo que parecía y que en realidad detrás de tanta parafernalia habían solo retorcidas intenciones y un plan muy estructurado para someternos. 

Así comenzaba “V”, la miniserie creada por Kenneth Johnson, inspirada a su vez por It Can’t Happen Here, libro escrito por Sinclair Lewis en 1935  donde un régimen fascista gobierna los Estados Unidos sobre una plataforma populista.

Debido al estreno en noviembre del año pasado del remake de la serie original (que en realidad es más una variación de la misma), hace poco conversaba con mi hermana sobre lo mal que tendría que haber envejecido la versión de los ochenta, llegando a la conclusión de que en realidad era mejor no volver a verla y quedarnos con las sensaciones que nos había dejado cuando éramos niños. Desde su estreno hasta hoy han pasado ya treinta años y puede que la materia de nuestro mundo haya envejecido, pero el colectivo de personas que lo habitan parece haberse estancado en un sinnúmero de distracciones aisladas de toda esencia vital, olvidándonos de nosotros mismos y de nuestros objetivos.

La “V” de los ’80 no solo no ha envejecido mal, sino que está más vigente que nunca.  Además de su vigencia a nivel temático,  “V” se me presenta como una serie de culto hecha desde la parte más consciente de Kenneth Johnson, cultivada en un proceso de búsqueda implacable para poder cosechar y expresar una idea que va más allá de la política, el plano social y la ciencia ficción, recordándonos que puede haber mucha más ficción en la ciencia y tal vez respuestas sorprendentes en la disolución de una realidad aparente.

Dicho esto, me gustaría destacar una secuencia en la nueva variación de la serie, la estrenada en el 2009, que creo que puede ser vista como una hermosa representación de la fragilidad de lo aparente junto con todos sus juicios inútiles e ilusiones desbordantes de una realidad subjetiva. Anna, líder de los Visitantes (y una de las más “malas de la película”), conjura sobre toda su gente, estén donde estén, una especie de trance: Esto se conoce como “Anna’s Bliss”, algo así como “El éxtasis de Anna” el cual puede ser visto de muchas maneras, desde una especie de droga inducida gracias a una tecnología ultra desarrollada, hasta la capacidad telepática de Anna para transmitir una sensación de paz, de recogimiento, de la vuelta a la fusión con el todo y la pertenencia con la nada, de sentir que el miedo y el amor es lo mismo, que ese alguien a quien buscas para sentirte protegido eres tú mismo, que todos estamos unidos por las mismas fibras…

… Y si alguien puede hacerte sentir y recordarte todas esas cosas de una manera tan hermosa (la secuencia es impresionante), parece resultar que al final el malo no es tan malo y una vez más me pregunto: ¿en verdad existen los culpables? ¿Realmente somos responsables de nuestros pasos dentro de este gigantesco espejismo donde parece que tenemos la capacidad de “hacer”, pero donde en realidad todo nos sucede sin enterarnos?
VV

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