
En un par de artículos anteriores que he escrito para esta casa, de una u otra forma he cuestionado la realidad tal como creemos conocerla, siempre basándonos en códigos subjetivos heredados de un sistema que solemos apoyar por medio de la identificación y las proyecciones que ésta genera. Quisiera aprovechar términos como proyección, o construcción de la realidad, para contarles algo que ya hace algún tiempo me viene inquietando.
Ante esta necesidad de recopilar más y mejores herramientas para intentar acercarme (y simultáneamente alejarme) algún milímetro más a la “realidad” de la que tanto “sospecho”, me comencé a interesar por la teoría de la mecánica ondulatoria, mejor conocida como física cuántica. Y si bien es cierto que para llegar a una compresión profunda sobre la materia habría que expresarla en términos matemáticos (lo cual me es imposible), me niego a privarnos de un acercamiento a través de las letras a una dimensión que, de tan impredecible, es capaz de sacudirnos la cabeza hasta abrir más de una puerta que ni sabíamos estaba ahí, lo cual ya ha causado, con toda seguridad, que los científicos se parezcan cada vez más (en la forma y en el fondo) a los tradicionales maestros espirituales de conocimientos ancestrales .
A grandes rasgos la física cuántica se adentra en la materia, hacia ese universo dentro de todas las cosas donde comenzamos a encontrarnos con galaxias, soles y planetas que la física moderna ha denominado como partículas elementales. Seguro que han escuchado hablar de los electrones, protones y neutrones, ¿no? Pues estas partículas más pequeñas que el átomo y que a partir de fuerzas atractivas que tienden a juntarlas (entre otros factores) son las que al “relacionarse” en un estallido de movimientos impredecibles van tejiendo y articulando estructuras dentro del plano material que creemos conocer.
Ahora, ¿qué tiene esto de interesante? Aquí viene la parte donde la cosa me comienza a dejar boquiabierto. La física cuántica nos dice que dichas partículas elementales que constituyen el átomo ¡no son elementos esencialmente reales! ¿Por qué? Porque son existencialmente imprecisas, es decir, estas partículas pueden comportarse como tal (como partículas) en un momento determinado y como ondas en un momento anterior o posterior, lo que da igual, porque estas partículas no reconocen el presente (personalmente creo que no reconocen el tiempo en general). Saltan del pasado al futuro y vuelven, y así van haciendo un poco lo que les da la gana. Podemos decir que uno nunca sabe cuándo ni dónde va a estar una partícula y no es en absoluto descabellado afirmar que esa partícula está potencialmente en un montón de lugares a la vez. Las partículas están en constante movimiento en todo el universo, y por eso decimos que las realidades cuánticas son solo estados potenciales (ósea que todo es posible simultáneamente). Dentro de este universo subatómico la materia se describe como una abstracción ya que no ocupa ni un espacio determinado ni un tiempo puntual.
Ok, puede que para algunos todo esto tampoco sea la gran cosa, pero ahora sí, aquí viene mi parte favorita y tal vez la más alucinante de toda esta historia:
Comienzo con la siguiente premisa: El observador (ósea todos nosotros) influye definitivamente en la creación de la materia. Es el que aporta conciencia a la realidad. ¡WOW! ¿No les parece alucinante? En la física cuántica se dice que si no se observa el objeto, en este caso una partícula, ese objeto está difuso, con lo cual solo existe potencialmente. Si uno se decide a observarlo, podemos decir que ese objeto “comienza a existir”, por lo que si un observador A ve aquel objeto situado a la derecha de X y además tenemos un observador B que ve el mismo objeto situado a la izquierda de X, los dos observadores están en lo cierto, ya que en la física cuántica no existe la contradicción. Podríamos afirmar entonces que esta partícula está en dos lugares al mismo tiempo.
Cabe destacar que esto no es sólo una teoría que funcione en el papel. Los científicos han demostrado en el laboratorio, apoyados por instrumentos de precisión y máquinas difíciles de concebir, que es posible “visualizar” lo anteriormente descrito. ¿Cómo? “Ocultando” dicha partícula en una especie de cámara oscura que permite enfriar el espacio y que así, a una determinada temperatura la partícula ya no genere luz, lo que impide verla y por tanto evita “influir” en los resultados de las mediciones de la investigación.
Y si el observador es el que crea la realidad de “un instante presente”, es justamente aquí donde se produce el inexplicable “diálogo” (sic) entre el hombre y la partícula, pues parece ser que las partículas elementales de las que hemos estado hablando “perciben” cambios ante la influencia o interferencia del observador y reaccionan ante ello. ¡!WOOOW!! ¿Ósea, me están diciendo que tengo el “poder” de influir en la construcción de la materia y mi realidad a través de ella? Vaya, si les soy sincero, esto no es algo precisamente nuevo. Existen enseñanzas (llamémosle así: enseñanzas) antiquísimas que nos vienen diciendo lo mismo, expresado de otra manera. Pero el poder “palparlo” y comenzar a confirmarlo a través de la ciencia, le da a todo esto un valor añadido ante la posibilidad de explicárselo no sólo a la intuición sino también al intelecto.
Claramente el simple hecho de conocer estos fenómenos no nos concede el poder de transformarlo todo a nuestro antojo, más bien nos recuerda que no es algo que esté fuera de este mundo sino todo lo contrario. Entonces, ¿cómo no reconocer que el proyectarse a uno mismo o a los demás de una determinada manera, puede afectar en el desarrollo de los acontecimientos? ¿Cómo no reconocer que la actitud con que enfrentamos las situaciones influye en los resultados en la construcción de una realidad circunstancial? Uno de los problemas es lo que ya he mencionado al inicio de este artículo: los códigos a los que nos aferramos, la identificación; son elementos que nos hacen olvidarlo todo y perder la posibilidad de ser objetivos y así poder “desencriptar“ esta realidad que es toda las realidades...
… lo que me recuerda a una de las escenas finales de The Matrix, en la que Neo comienza a “ver” y todo se transforma en números y símbolos ante sus ojos. ¡Él si que logró desencriptar la realidad y luego influir sobre ella!
Y vamos repitiendo patrones de comportamiento una y otra vez, olvidando nuestra capacidad creadora. Sin duda somos creadores en potencia, circulando por un universo donde la “separatividad” es una ilusión construida por el cerebro, batallando contra leyes que se escapan de nuestra comprensión o, casi siempre, ni siquiera estando conscientes de ellas. Nuestra realidad no parece ser más que un holograma construido por partículas elementales ordenadas en nuestro cerebro; cerebros también de partículas explosivas que esperan ser encontradas para así convertirnos todos en lo que en realidad somos: ESOS IMPRESIONANTES CREADORES EN POTENCIA.




















October 29th, 2010 on 12:47 pm
Muy bien explicado y me encanta tu “tesis” posible…!
October 31st, 2010 on 5:27 am
Muy buen articulo Jaime muy interesante. Quisiera adherir que hay una forma muy fácil de demostrar eso que dices acerca de que 2 partículas sub-atómicas pueden estar en dos lugares al mismo tiempo. Si tomamos una botella de cristal y la ponemos sobre la mesa bajo la luz del sol veremos como se reflejara la luz en varios lugares de la mesa al mismo tiempo. Esta luz no es otra cosa que unas partículas sub-atómicas (sub-atómico quiere decir mas pequeñas que el átomo) llamadas fotones. La razon por la cual estos rayos de luz se reflejan en distintos lugares de la mesa es que es el mismo foton que esta en varios lugares al mismo tiempo y se manifiesta como rayos de luz. Como puede una partícula estar en varios lugares a la vez? Aun no hay respuesta de los científicos.
December 2nd, 2010 on 5:18 pm
Excelente artículo Sr. Brañas. Gracias!
También el comentario de El Galáctico.
Y añado: ¿no nos recuerda todo esto a las mónadas de Hume, o a la inmanencia de Spinoza, o a la idea de que todo es Uno, el Absoluto, entre otras muchas tentativas de formular la cuestión en palabras?
Fácilmente llegamos al Yo soy Tu y Tu eres Yo, siempre que Yo realmente sea Yo y Tu realmente seas Tu, es decir con una cualidad añadida, inefable que podemos nombrarla con la manida palabra de ‘consciencia’.