
En un momento de mi vida en que la incómoda presión del cambio hacía de las suyas y donde el norte de mis objetivos se iba fundiendo a negro, la necesidad de encontrar fuera lo que solo se puede encontrar dentro me llevó a una sesión de madrugada en un cine de Barcelona.
Hasta esa noche el cine siempre había sido para mí un estupendo generador de entretenimiento, pero con pocas posibilidades de transmisión a niveles más inconscientes. Y es así que cuando comenzó la película que había elegido, más por intuición que otra cosa de entre todo el resto de opciones en cartelera, pude sentir como el cuerpo me advertía que la experiencia esta vez sería distinta.
Y así fue. Al terminar el film sabía que había recibido información de una manera que me era familiar, pero que nunca había hecho consiente. Mulholland Drive (este es el nombre de la película) me hizo entender que el cine tiene muchas más posibilidades de las que cualquiera pueda imaginar.
La secuencia de la que pueden disfrutar (o no) en el video muestra a Rebekah del Rio cantando una versión mejorada y traducida al español de “Crying” (Llorando) de Roy Orbison, que podría resumir la esencia de la película: cuando la cantante ya te ha atrapado y estás totalmente identificado con la emoción que ha hecho revivir en ti, de pronto cae al suelo y a pesar de ello su voz sigue sonando… “No hay banda”… nada existe… debajo de todo esto sólo está el vacío. Es el recuerdo de la permanente impermanencia.




















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August 19th, 2010 on 3:31 pm
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