
La música de Jarque es contemplación, melancolía, belleza sobrecogedora que se mueve desde las sombras hasta la luz en un viaje del que ya muchos nos hemos hecho parte desde que en 2007 editara su primer trabajo solista “Monstruos bajo la cama”. Hoy, a punto de terminar el segundo disco junto a su banda Inverness, el músico se detiene un momento y echa a andar en esta entrevista los mecanismos de su memoria…
Mientras lees puedes escuchar Patio xxix
Fue una mañana de 1986 en la ciudad de Bonn, Alemania, al entrar a hurtadillas a la sala de música de la escuela que vi por primera vez un glockenspiel… yo era un niño de naturaleza solitaria, venía de vivir en la Patagonia, había perdido a mis amigos, súmale a eso el estar en un país del que no sabes muy bien el idioma, pero cuando toqué ese instrumento algo en mí se acomodó, como una pieza suelta. Comencé entonces a participar en el coro escolar tocando el glockenspiel y cantando. Me acuerdo que montamos una obra infantil muy oscura que se llamaba “Der Struwwelpeter”. Mi profesor de música era italiano-alemán y fue la primera persona que recuerdo relacionada con la música que me enseñó algo. Nos hacía escuchar Vivaldi, las Cuatro Estaciones y mucho Bach. A mí me cargaban. Para mí la música tenía más que ver con pasar tiempo en esa sala sin que nadie me molestara que con la música en sí misma.
¿Recuerdas en qué momento comenzaste a componer?
No tengo muchos recuerdos claros con respecto a eso. Pero fue muchos años después, cuando ya había vuelto a Chile. Mi hermana participaba en el coro del colegio aquí y tenía una guitarra clásica. En ese tiempo, siempre relacioné la guitarra con las canciones que tocaba mi hermana en el coro, ‘El cóndor pasa’ o ese tipo de cancionero aburrido de colegio que hasta el día de hoy los niños tienen que sufrir. No fue sino hasta que mi hermano mayor tomó esa guitarra y empezó a tocar Led Zeppelin y los Rolling Stones que me di cuenta que con la guitarra se podían hacer otras cosas. Yo tenía 12 años. Me interesaban más los flipper, leer. Era bien nerd. Escribía cuentos y hacía mapas. Y dibujaba mucho. Nunca salía. Mis papás se preocupaban mucho por mi nula vida social. Pero yo era feliz. No necesitaba nada más. No sé por qué un día me dio por agarrar la guitarra y empezar a tocar. Quizás para impresionar a alguna compañera. Le pedí a mi hermano que me ayudara y me enseñó ‘Satisfaction’, después ‘Stairway to heaven’ y después unas de The Cure. Un par de años después, empecé a escribir canciones. Recuerdo que como a los 16 hice una en guitarra, muy compleja, tipo Bach. Tengo que haber tenido muchas ideas raras dando vueltas en la cabeza.
Al escuchar tu primer trabajo solista (“Monstruos bajo la cama”) y luego “Illuminaciones”, el debut de Inverness, siento claramente una conexión: hay cierta melancolía, una forma de plantearse bien contemplativa…
Mis primeros recuerdos vívidos son de Punta Arenas, del Estrecho de Magallanes, de los faros en los que mi abuelo servía como guarda faros y en donde mi papá se crió en los ’40. Creo que todo lo que he hecho siempre ha estado determinado por el lugar del que vengo y en el que crecí. Crecer allá es bastante parecido a decir que creciste en Marte o el Polo Norte. En ese sentido pienso que mi historia me ha “obligado” a ser un poco más para dentro, aunque en términos generales me considero un tipo alegre. Además pienso que casi toda la música que más me gusta, y los libros que más me han marcado y las películas que más he visto, todos comparten ese rasgo de belleza que viene de un estado parecido a la melancolía.
¿Música “triste”?
Mucha gente le llama así. Y aunque me encantaría poder hacer música bailable y ondera, sé que ese no sería yo. Las veces que lo hecho, he tenido que enajenarme y convertirme en otro. La verdad nunca me he sentido muy conectado con eso y tampoco es muy honesto. Es como pegarse una puñalada por la espalda.
En tu primer disco hay una sensación algo oscura, y que al parecer tiene que ver directamente con algún proceso vital en el que estuviste mientras componías ese trabajo.
“Monstruos bajo la cama” corresponde a una etapa en la que estuve muy solo, una etapa en la que me aislé bastante. Me era sumamente necesario aislarme y ver las cosas con cierta distancia. A veces me da un poco de pudor volver a escuchar ese disco y pensar en la gente que lo ha escuchado. Hay versos muy personales y cosas que escribí de manera bastante directa. Fue un disco que me obligó a una especie de proceso personal y eso se nota en las letras.
¿La música como un espejo?
Claro, creo que las buenas obras de arte deben tener que ver con los procesos vitales de aquellas personas que las hacen. De lo contrario, el arte sería una aberración, una especie de producto en serie. “Monstruos…” tenía mucho que ver con lo que pasaba conmigo en ese tiempo, con muchos temores e inseguridades. Y la música me sirvió para hacerles frente. La música siempre me ha ayudado a enfrentar mis temores, a superar etapas. Es la razón por la que escribo canciones.
¿Y se dio un proceso parecido con “Illuminaciones”?
“Illuminaciones”, como disco, representa una etapa más estable, en la que me interesaba más reflexionar sobre algunas cosas alrededor mío y con algunas etapas de mi niñez. Un amigo una vez me dijo que “Monstruos” era una reflexión contemplativa y que “Illuminaciones” era una contemplación reflexiva. Aún trato de entender qué quiso decirme.

¿Cómo fue ir desde el trabajo en solitario a la creación grupal que tienes hoy con Inverness?
Fue necesario. Más que nada porque me era muy difícil tocar solo. Siempre me he sentido mejor como parte de algo que como solista. No soy solista. La etapa de “Monstruos” se dio por una razón de fuerza, de necesidad. En Inverness sigo escribiendo las canciones, pero lo bueno que tiene estar en una banda es que logras perspectiva con respecto a lo que haces. Tienes la posibilidad de ampliar tus colores con los de otras tres personas. Es enriquecedor. Y también un ejercicio contra el ego. No siempre voy a tener la mejor idea para una determinada canción. A veces, los otros Inverness me sorprenden con sus sugerencias y críticas que son exactas y de gran valor para mí. Soy un músico que se completa en los otros. Aunque siempre estoy haciendo canciones y pueda sacar un disco solo, mi medio ideal siempre será el de una banda. Además se pasa mucho mejor. Nos reímos mucho de todo. Y eso es sano.
En relación a tus dos discos: ¿quedaste conforme con los resultados?
Siempre hay pequeños detalles con los que uno no queda muy conforme. Pero es un proceso largo. Me gusta pensar en los discos como en pequeños pasos que uno da en alguna dirección desconocida: como en la Capilla Sixtina, esas obras que demoraron muchos años en construirse, bajo sudor y trabajo y que se mantienen por siglos y ante las cuales las personas siguen sobrecogiéndose. Es una visión ambiciosa, pero si no pensara en mi música así, como un gran lienzo que se va pintando con los años, me aburriría.
¿Cómo se ha dado hasta el momento la difusión de tu trabajo?
La difusión es algo sobre lo que he ido aprendiendo con el tiempo… Yo no creo mucho en eso de lograr que tus canciones suenen en la radio y que te inviten a los programas de la televisión y aparezcas en las tapas de las revistas. ¿Para qué? Creo que muchas bandas se desgastan en un ejercicio ocioso e inepto de imaginarse rotando en las radios y la televisión en desmedro de lo que quieren decir con su música. Es muy fácil perder el foco. La gente todavía piensa que si no sales en la tele o la radio no eres nadie. Es lamentable, porque las bandas caen en lo mismo. Pero las cosas están cambiando y hay que despertar. No creo que a nosotros nos vayan a tocar mucho en la radio. Creo que lo han hecho en algunas, pero no nos desvela. Lo que realmente nos ocupa es hacer la mejor música que podamos hacer. Sorprendernos del sonido de nuestro disco, avanzar hacia algún lugar de manera creativa ¿Para qué te vas a quedar sentado esperando a sonar en la radio?
Estudiaste literatura inglesa ¿en que trabajas actualmente? ¿Como se inserta tu trabajo como músico en tu vida cotidiana?
Soy profesor de literatura y lengua inglesa en un colegio. Me gusta enseñar. Me gustan los libros y las buenas historias. Creo que divido mi tiempo en 50 y 50. Aunque mi mente siempre está en la música. Mis alumnos lo saben y han sido una gran ayuda. Aprendo mucho de ellos.
¿Te gustaría ser músico a tiempo completo?
Quién sabe, quizás echaría de menos enseñar. Es agotador ser profesor, pero trato de aprender lo más que pueda. Creo que la música permea todos los ámbitos de mi pequeña vida. Es difícil sacarme de ahí. Me levanto todos los días a las 6 am, salgo de mi casa a las 6.30 am y dentro de mí hay siempre una voz cantando o mascullando alguna idea. Vuelvo en la tarde, me cambio, descanso 15 minutos y después salgo a ensayar o escribo algo o desarrollo una idea del día anterior. Mi vida es bien aburrida. Quizás por eso estoy solo… pero no me molesta. Soy feliz.
Ser músico hoy en Chile, con las limitaciones que puede haber en términos de difusión o de real interés de la gente por comprar un disco o pagar por ir a un show… ¿cómo lo vives?
Lo vivo con esfuerzo, paciencia, honestidad y humildad. Ah, y mucho trabajo. Es un gran trabajo ser músico. Es una especie de apostolado. Y como tal, requieres de cierta entrega y fe que rayan en lo monástico. Yo en lo personal, siento que la música es lo único en mi vida que jamás podrán arrebatarme. Sería genial poder vivir de esto, pagar mis cuentas y comprar mi comida con el dinero generado por mi trabajo como músico. Pero no es así. La gente no compra muchos discos, pero sí compran. Quizás no van mucho a los shows, pero sí van. Los músicos tenemos mucha responsabilidad con el estado de cosas en Chile. Nadie se toma muy en serio esto, y si los músicos no se toman en serio, ¿cómo vamos a pedirle a la gente que lo haga? Imagínate, Chile debe ser el paraíso de las listas de invitados, del 2×1, del llamado 15 minutos antes del show diciéndote “ya po´ compadre, mira te llevo como 5 amigos, ¿Cómo me vai a cobrar 2 lucas por persona?” Creo sinceramente que hay que empezar a educar a la gente, especialmente a los músicos en ese tipo de cosas. Es un trabajo, no un carrete –excepto para la gente que va al show-, y el trabajo en cualquier parte del mundo se paga. Debería ser un proyecto de Estado, como la educación sexual o cualquier tema de interés nacional.
Imagino que están trabajando para un próximo disco, me puedes contar sobre eso…
Sí, estamos terminando de mezclar nuestro segundo disco (el tercero para mí) y estamos muy contentos con cómo está quedando. Siempre digo que siento que estamos un paso más cerca de convertirnos en la banda que queremos llegar a ser. Y en verdad lo creo. Siento que este disco es un gran paso en nuestra carrera y una puerta que se abre ante nosotros para explorar otros sonidos en los trabajos venideros.
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October 20th, 2010 on 12:58 pm
Me gusta mucho su música e iniciativa de tener siempre sus paginas actualizadas.
Los Felicito
Mucho éxito